¿Miedo al amor?

Actualizado: 8 abr


Hace tiempo estuve en una relación difícil. Era muy joven, y me llevé muchas experiencias que mi inconsciente tomó como “verdades”. El día de hoy aún me cuesta trabajo confiar en la gente y abrirme completamente a las relaciones. Lo interesante es que son creencias que había traído conmigo todo el tiempo, y que la mayoría estaban ahí sin darme cuenta.

Hace unos meses me puse a reflexionar sobre el por qué no he tenido una relación duradera desde aquella relación difícil, y por qué conforme pasan los años me costaba más trabajo hacer amigos y forjar conexiones verdaderas. Ahora que he estado haciendo todo este trabajo de auto-reflexión, comienzo a ver todas estas creencias que traigo metidas en la cabeza, y que me impiden abrirme completamente a las personas en mi vida.

Ya he hablado en este post sobre Vishen Lakhiani y su concepto de Bullshit Rules (Brules). Uno de los ejercicios que más me ha ayudado hasta ahora es ese recuento de creencias y reglas que tenemos en la cabeza sobre aspectos específicos de nuestra vida. No tienes idea de la cantidad de Brules que traemos en la mente que ni siquiera notamos ¡pero claro que notamos sus efectos en nuestra vida día con día!

Cuando me puse a reflexionar sobre la forma en que me relaciono con la gente descubrí una serie de ideas que se fueron convirtiendo en conductas casi naturales, y han derivado en obstáculos en mi vida afectiva.

Es interesante notar cómo a lo largo de nuestra vida, con diferentes experiencias, creamos ciertas reglas de comportamiento que nos protegen en ese momento de situaciones difíciles. Por ejemplo: cuando entré a la secundaria, fui a una escuela privada muy exclusiva, y yo nunca tuve mucho dinero. Entré con beca y la mayoría de mis compañeros ya se conocían desde la primaria. Era un ambiente nuevo y difícil, así que desarrollé algunas medidas de protección: me refugié en mi “inteligencia” como mi valor más alto (ya que no podía presumir de dinero, viajes a París o autos nuevos) y me volví muy agresiva con mis palabras (el sarcasmo como principal arma ante quienes intentaron molestarme o hacerme menos). En ese momento funcionó. La verdad es que la pasé muy bien en la escuela, hice amigos entrañables y, fuera de los primeros días en que me estaban midiendo, nunca me molestaron. Fue una buena protección en ese momento. Pero cuando reflexioné que hasta ahora seguía utilizando esos mismos patrones de comportamiento, me quedé muy sorprendida. Por ejemplo, me dí cuenta que seguía siendo muy sarcástica con la gente cercana a mí y que la mayoría de las personas no lo disfrutan; me di cuenta de que ya no me funciona y, por el contrario, es un fuerte obstáculo a la hora de formar relaciones saludables como adulta. Lo que es más: me dí cuenta que una regla que hice a los 13 años, no tiene por qué seguir vigente ahora que tengo 30.

Este es un ejemplo de muchos. ¿Cuántas actitudes y conductas tienes que no te permiten relacionarte con los demás? ¿de dónde vienen? Si lo analizas, la mayoría de las cosas que te estorban ahora fueron importantes en algún momento, pero probablemente hoy ya no son relevantes y están obstaculizando tu desarrollo.

Te recomiendo este ejercicio: piensa en algún área de tu vida en la que quieres mejorar. Haz una lista de las reglas y creencias que tienes sobre esa área.

  • No existe suficiente dinero.

  • El amor duele.

  • El dinero corrompe.

  • El trabajo no se disfruta, y por eso te pagan.

  • Venimos al mundo a sufrir...

¡Por desgracia existen tantas creencias que ni siquiera cuestionamos! Y después nos preguntamos ¿por qué no tengo dinero?¿por qué no encuentro el amor?¿por qué la gente siempre se aprovecha de mí? Una vez terminada tu lista, evalúa cuáles creencias te sirven y cuáles no. ¡Y establece nuevas reglas!

En cuanto al amor, he detectado muchas creencias que se quedaron conmigo desde aquella primera relación y que sigo trayendo a mi vida con cada nueva relación: el miedo a amar demasiado, por que siento que me pierdo a mi misma. El miedo a decir lo que necesito, por si me rechazan. El miedo a ser yo misma, por si no les gusto. El miedo a confiar, por si me engañan. El miedo a demostrar mis sentimientos, por si parezco débil… etc.

Soy una fiel creyente de que mientras internamente no tenga una relación saludable conmigo misma, no puedo formar relaciones saludables con los demás. Así que ahora me estoy enfocando en trabajar todas estas situaciones que traigo en la cabeza, y puedo ver cómo la forma en que me relaciono es diferente: hablo abiertamente de lo que necesito, me muestro tal como soy, y soy más consciente de la forma en que mis palabras afectan a las personas.

Es un proceso, pero me alegra ver resultados tan pronto simplemente modificando algunas conductas que tenía muy arraigadas. Al final, sigo comprobando que es mi propia conducta y actitud ante la vida, la que tiene el poder de cambiar mi realidad. No se trata de cambiar a los demás, sino de enfrentarnos a nosotros mismos.

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